Morderse la lengua

Llegaron las clases, llego la inestabilidad temporal. Una mañana gélida se convierte en un tórrido medio día. Y como no, con el paso de las semanas mi pelo volvió a tomar una medida demasiado incomoda.

Para que mentir, adoro el poder levantarme por la mañana sin la necesidad de tener que perder el tiempo peinándome. Entiéndase por esto, que puedo invertir en este menester desde cero hasta la nada despreciable suma de dos minutos, pero sobrepasar tal marca me resulta problemático para desarrollar el resto de actividades matutinas, pues mi tiempo es limitado

Así que el pasado domingo decidí cortarme el pelo, como viene siendo costumbre, con la “moto” y aproveché para recortarme la barba, como venia siendo costumbre antes del verano, ahorrándome la necesidad de la cuchilla de afeitar.

Y cuan grande fue mi asombro cuando mientras salia del baño mi padre, que casualmente por el pasillo andaba, con una indiferencia sumamente paradójica, me espeto:

-¿Es que ahora por ir a la universidad te tienes que afeitar como un intelectual?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en De mi, El. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s